Alan Francisco GaunaPsicólogo clínicoVolver a recursos

Cuando descansar se convierte en otra exigencia

Por qué el tiempo libre puede sentirse como otra tarea que hay que hacer bien, y cómo volver al momento sin medir si ya lograste relajarte.

Ilustración de una persona descansando en un sillón junto a un perro, con una reflexión sobre descansar sin exigencias.
Una de las láminas del carrusel publicado en @lic.gauna.

Tenés un rato libre y elegís mirar una serie o simplemente no hacer nada. Pero, en lugar de descansar, aparece una voz que dice: podría adelantar algo; con todo lo que tengo pendiente, estoy perdiendo el tiempo. Incluso cuando hacés un plan que querías, podés empezar a revisar si de verdad la estás pasando bien.

Cuando el descanso queda bajo examen

En ese momento, el descanso deja de ser una pausa y empieza a sentirse como otra cosa que tenés que hacer bien: descansar correctamente, disfrutar lo suficiente y aprovechar cada minuto.

A la exigencia de producir se le suma una nueva exigencia: sentirte de una determinada manera durante tu tiempo libre. Entonces, aun cuando frenás, seguís evaluándote.

La paradoja de comprobar si estás disfrutando

Entre pensar en lo que deberías estar haciendo y controlar cómo te estás sintiendo, se vuelve difícil estar presente en lo que elegiste hacer. La atención queda atrapada en la evaluación y el descanso termina generando frustración.

El problema no es que no estés descansando de la manera correcta. Es que comprobar a cada rato si ya te relajaste puede alejarte de la experiencia que querías vivir.

Una condición que nunca termina de cumplirse

Quizás estás esperando terminar todos los pendientes para descansar sin culpa. Pero siempre puede aparecer algo más por resolver, ordenar o adelantar.

También podés estar esperando sentirte completamente tranquilo para permitirte disfrutar. Si la calma total se convierte en la condición para descansar, la pausa queda postergada una y otra vez.

Volver a lo que está pasando

Cuando notes esa exigencia, podés reconocerla y volver a algo concreto del momento: la conversación, lo que estás mirando o la actividad que elegiste. Sin comprobar continuamente si ya te relajaste o si lo estás disfrutando lo suficiente.

No se trata de obligarte a disfrutar ni de discutir con cada pensamiento. Se trata de darle menos espacio a la evaluación y más espacio a la experiencia.

Un rato de descanso no tiene que ser productivo ni tenés que disfrutarlo al máximo para que valga la pena.

Podés descansar aunque queden cosas pendientes. Y aunque ese rato no se sienta exactamente como esperabas. Tal vez no se trate de descansar perfecto, sino de poder darte una pausa sin convertirla en una nueva prueba que tenés que aprobar.

Este texto nació como una publicación breve.Ver el carrusel original en Instagram