Alan Francisco GaunaPsicólogo clínicoVolver a recursos

Tomar acción: empezá desde la persona que sos hoy

Cómo dejar de planificar para una versión ideal de vos mismo y construir un comienzo que realmente puedas sostener.

Muchas veces sabemos qué nos vendría bien: entrenar, estudiar, ordenar las finanzas, comer mejor o empezar un proyecto. El problema no suele ser la falta de información. El problema es que no lo hacemos. Decir solamente hacelo sirve poco; necesitamos entender qué vuelve tan difícil el comienzo.

El plan suele estar pensado para una versión imaginaria

Nos proponemos empezar una rutina perfecta: levantarnos temprano, entrenar dos horas, comer impecable, estudiar, trabajar y ordenar la casa. Llega el día siguiente y no hacemos nada, o sostenemos una parte durante dos días y abandonamos agotados.

La expectativa es mucho más grande que nuestra capacidad actual de ejecutarla. Diseñamos la rutina para la persona que fantaseamos que ya deberíamos ser, no para la persona que somos hoy.

Además, un cambio real lleva tiempo. Ya existen hábitos, horarios y formas de responder que vienen repitiéndose hace meses o años. No se reemplazan de un día para el otro.

Lo conocido compite con la conducta nueva

Lo conocido suele requerir menos esfuerzo y ofrecer recompensas más rápidas. El beneficio de entrenar aparece con el tiempo; la comodidad del sillón aparece enseguida. No es raro que el cuerpo se incline hacia lo inmediato.

Esto no convierte al cerebro en un enemigo. Nuestro sistema tiende a conservar energía, repetir lo que conoce y prestar atención a recompensas cercanas. Incluso cuando creemos no tener una rutina, seguramente existe una secuencia que se repite.

Cuando intentás incorporar una conducta nueva, esa conducta compite con otra que ya tiene un lugar ganado en tu día. Por eso no alcanza con desear mucho el cambio.

Descubrí tu medida actual

El primer paso puede ser incómodo: aceptar que quizá todavía no podés sostener la versión del objetivo que imaginaste. No es un insulto ni una condena. Es información práctica.

Si te proponés estudiar tres horas todos los días y nunca podés hacerlo, probá con una hora, veinte minutos, cinco o incluso uno. La cantidad no es lo central al principio. Lo importante es descubrir desde dónde podés empezar de verdad.

Un minuto que efectivamente hacés vale más que una hora perfecta que solamente existe en tu cabeza.

Después podés aumentar. Si subiste demasiado y dejaste de cumplir, no significa que fracasaste. Encontraste un nivel que todavía no podés sostener. Bajás un poco y volvés a avanzar desde ahí.

Elegí algo que tenga sentido para vos

No todo problema se resuelve reduciendo la tarea. Si la actividad no te interesa y no encontrás ningún motivo para hacerla, quizá tampoco la sostengas durante un minuto por día.

No hace falta que cada acción te apasione. Sí tiene que existir alguna razón que justifique el esfuerzo: porque te interesa, te acerca a algo importante o forma parte de la vida que querés construir.

Preguntate para qué querés hacer esto, qué cambiaría en tu vida si lo sostuvieras y a qué tipo de persona te acercaría. Tampoco necesitás descubrir un propósito perfecto. Elegí algo que reúna varias características importantes para vos y probalo durante un tiempo razonable.

Convertí la dirección en una acción

Un objetivo grande puede darte dirección, pero la acción tiene que ser algo que puedas hacer hoy o esta semana.

Si querés mejorar tus ingresos, por ejemplo, el primer paso quizá sea dedicar treinta minutos a buscar ideas, elegir una, averiguar qué habilidades requiere y hacer una primera prueba. El objetivo final no es todavía la tarea.

También conviene evitar empezar ocho cambios al mismo tiempo. Elegí una o dos cosas. Cuando estén más incorporadas, sumás otra. Cada conducta necesita tiempo y energía para establecerse.

Definí cuándo, dónde y cómo

La frase cuando tenga tiempo suele significar que no va a ocurrir. Buscá un momento que exista de verdad: después de desayunar leo cinco minutos; cuando termino de trabajar camino veinte; los martes y jueves voy al gimnasio.

Después, facilitá la ejecución. Dejá el libro a mano, prepará el espacio de estudio o elegí una alternativa que no requiera una hora de viaje. A veces armamos un plan ideal en teoría y no miramos que, en la vida real, es muy difícil ejecutarlo.

Cuantas más barreras innecesarias tenga la conducta nueva, más fácil será que gane la alternativa inmediata.

Actuá aunque aparezca resistencia

Aun con un buen plan va a aparecer resistencia. Pueden surgir pensamientos como no puedo, esto no es para mí, hoy no tiene sentido o mañana lo hago mejor.

No necesitás eliminar esos pensamientos antes de actuar. Podés reconocer que están ahí y hacer igualmente la versión pequeña de la acción que habías elegido.

Una cosa es atravesar una incomodidad razonable y otra es sostener un plan que te aplasta. Si abandonás de manera sistemática, reducí la exigencia. Volver un paso atrás también forma parte del proceso.

Usá el resultado como información

Cuando cumplís, registralo. La experiencia no tiene que consistir únicamente en esfuerzo, culpa y castigo. Una consecuencia agradable y cercana puede ayudar a sostener una conducta cuyo resultado importante todavía está lejos.

Con el tiempo aparecen resultados: entendés más, levantás más peso, corrés mejor, ahorraste algo o avanzaste con un proyecto. La conducta deja de sentirse completamente ajena y empieza a formar parte de tu rutina.

Lo vi también en mi experiencia con el entrenamiento y la alimentación. No hice todo perfecto de un día para el otro. Fui sosteniendo algunas acciones, ajustándolas y dejando que los resultados se acumularan.

Empezá cerca de la persona que sos hoy

Elegí una dirección con sentido. Convertí esa dirección en una acción concreta. Bajá la dificultad hasta encontrar una medida que puedas cumplir hoy, decidí cuándo y dónde la vas a hacer, sacá barreras innecesarias y repetí.

Si funciona, sostené y aumentá de a poco. Si no funciona, no lo uses como prueba de que no servís. Usalo como información para ajustar el plan.

Tomar acción no suele sentirse como una escena épica. Muchas veces consiste en hacer algo pequeño cuando una parte de vos preferiría no hacerlo.

La manera de salir del círculo no es prometerlo con más fuerza. Es empezar más cerca de la persona que sos hoy.

Pensá qué acción pequeña podrías sostener durante los próximos días. En el momento puede parecer poco, pero los días se acumulan. El objetivo no es demostrar de una vez quién deberías ser, sino empezar a construir desde donde estás.